La angustia de lo inevitable

Estaba en el pasillo de la casa de mi abuela (típica casa amoblada sesentosamente, con empapelado beige completamente perdido en un marrón por el tabaco y una alfombra cyan que sufrió la misma suerte de contaminación) y estaba atascado en el medio del suelo, como si ocupara un agujero específico. Todo oscuro. Al final del pasillo, una cabra muy enojada, lista para atacarme. Lo único que podía hacer era gritar, pero el sonido era hueco. La situación finaliza una milésima antes a que dicho animal choque contra mí.

No comments:

Post a Comment